algo de nubes
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Els immigrants, Josemari&Ana

Ana, cariño, Mariano es un paco que por más que afine la puntería no da en el blanco. A Dios gracias los de la FAI ya no pasan hojas del calendario porque, de lo contrario, le daban matarile en menos que canta un gallo. En política hay que afinar. Fíjate en como actué en Perejil. Aquí te pillo, aquí te mato. Dos cañonazos para quitarles el polvo a las nubes y la vieja de las cabras en el saco. O sea, con decisión y claridad de ideas. Te lo digo por la cartilla del emigrante. ¿Que Mariano se moja...? Ya. Pues, más que mojarse, yo diría que se da un remojón y así nos luce el pelo. ¿A qué viene lo de que los emigrantes se comprometan a compartir las costumbres de los españoles? Te apuesto doble contra sencillo que todos van a apuntarse a la de la siesta y ya les dirás, tú, que la siesta es un reposo hecho a la medida de curillas y funcionarios. Te lo advierto: si les vas con el cuento, te espantan de un manotazo cual mosca cojonera. Ana, cariño, Mariano tiene un saque potente, a lo Rafa Nadal, pero no matiza las propuestas y, las propuestas, aún las de más fina concepción, se nos vuelven en contra. Te cito a Ortega: Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho. Y así siempre. Vamos haciendo y deshaciendo. Don Francisco es Castilla y nos rehizo España. Mariano también lo es y puede deshacérnosla. ¿Comprendes el sentido trágico de lo español? En lo de la emigración yo asumo la proclama del camarada Dimas Cuevas que nos alerta de que los emigrantes van a comernos por los pies. Por tanto, nada de cartilla, sino Guardia Civil en la frontera y billete de vuelta a los orígenes. ¿Que el argelino que sale con la chacha siempre me promete una fiambrera con cuscús para cuando hago mis ejercicios militares en la Casa de Campo? De acuerdo. Ana, cariño, el emperador liberó al esclavo Androcles por sanar la herida del león, de manera que hay emigrantes que se han ganado el derecho a ser integrados en lo español. Pero no en base a la política claustrofóbica de un Haider o de un Blocher que no hacen más que parapetarse en la teoría orteguiana de lo rubio. Para filósofos, los de la Iglesia. En el poso emocional de Mariano hay una base volteriana, lo que le impulsa a prescindir sistemáticamente de nuestros pensadores más certeros. ¿Una cartilla del emigrante para obligarles, a los inmigrantes, a preservar la lengua y la cultura de España? Vale. La iniciativa es positiva. Aún así, nada de cartillas. Y si le surgen dudas morales, que consulte con Arias Cañete y sabrá, de labios de un estadista, quién se sube al tranvía y quién se queda en la parada. Para entendernos, Mariano ha de aplicar el pensamiento de aquel dominico de profundo sentir que fue fray Juan Ginés de Sepúlveda. O sea, que España libera a los indios, destruyendo sus culturas inferiores y haciéndoles partícipes de la española que, además de superior, es cristiana. ¿Si hizo bien? Actuó en cristiano. Ya me dirás qué futuro les esperaba a los pobres salvajes. Aún irían sin camisa. Y sin zapatos. Y, desde luego, Maradona sin zapatos no hubiera golpeado ni un balón de trapo. ¿Que los indios son cosa del pasado? Ana, cariño, lo que vale para los indios de ayer, vale para los africanos de hoy. Y para los catalanes de todos los tiempos, no fuera que Yordi o Caró nos vengan con el cuento de que los moritos, en Cataluña, han de aprender el vernáculo. Nada de eso. Pese a las vacilaciones de Mariano, puede que haya llegado el momento de que España vuelva a amanecer. ¿Una lengua? El español. ¿Unas costumbres? Las que nos enseñó Don Francisco. Nada de tabaco, de vino ni de mujeres, y los botones siempre relucientes, listos para revisión cuartelaria, incluso los de la bragueta. ¿Que no quieres prescindir del Albariño fresquito con la tapa de gambas? Descuida, no lo harás. Ana, cariño, tu perteneces a los Aznar-Botella y te hallas emparentada con los Agag y los Longo. O sea, que el Albariño no te ha de faltar por una cuestión de señorío. Para que me entiendas: tanto la cartilla de Mariano como la filosofía del Padre Sepúlveda sólo son de uso obligado para los que, hatillo al hombro, emprenden desde la nada el arduo y gozoso camino de lo hispano. Aunque sea a base de sardina en lata y chusco cuartelero. Ya sabes: muchos son los llamados y pocos los escogidos. Lo dijo El Ausente: ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo. Tan pronto lo supe, me dejé el bigote.

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