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El catorce d'abril, Josemari & Ana

Ana, cariño, estamos a catorce a abril, día de la victoria. Sí, sí, cariño. No te escandalices. Te bastará una somera lectura de la historia, para ver que tal día como hoy empezó a fraguarse, entre nosotros, el gesto alegre y firme el ademán. ¿Que en el treinta y uno yo no estaba? Déjate de minucias. Santiago tampoco estaba en Clavijo y como si estuviera. La comunión de los patriotas es intemporal. Otra cosa es lo de Mariano. Ni estuvo en Clavijo ni en Belchite ni en el despacho de Génova el 13-M, porque le robaron la cartera y ni se enteró. Si a mí se me presenta Josete con lo de «manos arriba, esto es un atraco», le planto cara por el bien de España. Las urnas mintieron, Ana. Fue sonrojante. Josete engañó a las masas, porque ni Rappel podía prever que la toma de Granada trajera tanta cola. Y desde luego, pese al secular odio infiel, yo me alineo sin pestañear al lado de los Reyes Católicos. Con doña Isabel en el trono y Dios en todos los hogares, el 18 de julio hubiera sido un día de asueto en Aranjuez. Quiero decir, Ana, que la patria hubiera vivido sin sobresaltos, unida con pasta de mortero. Pero España siguió caminos torcidos, y la República es el punto de partida que nos permite enderezarlos. ¿Que si ya no soy monárquico? A medias, cariño, lo cual tiene su lógica. El Ausente fue republicano y socialista, en la línea de Bono y de Rodríguez Ibarra. Y no se entendió con Cambó, que era de derechas, como yo no me fío de Yordi. Otro tanto pasa con las monarquías. Entraron en crisis cuando dejaron de admirar el brazo hercúleo de todo un Nuño Sancho y se miraron en las formas cortesanas del Duque de Sexto. O sea, se las cuestionó cuando se aburguesaron y dejaron de lado los grandes ideales. Unos ideales que asumió el español consciente. Recuerda. Cuando yo iba y venía en moto de Madrid a Burgos, ya se me iba la mirada a las estrellas, de ahí que, al divisarme en lontananza, las gallinejas camperas tomaran el olivo con singular gracia torera. Además, los monarcas van a lo suyo. A Suárez le llegó el título de Duque con la primera paga del INEM. En cambio, a mí, la Casa Real me ignora. Fíjate, ni una felicitación por San Josemari. Y esto que incursioné victoriosamente por tierras del moro, algo que no se conseguía desde las correrías del Cid. De manera que no descarto darme un viraje republicano, en la línea de George. O sea, con el permiso de Sharon y de la Bolsa. Y siempre con un fuerte acento español. El futuro republicano de la derecha estriba en seguir los pasos del Jefe. De don José María Gil Robles, por supuesto. Hay una república antiespañola, que es la del Frente Popular. Pero luego está la de la CEDA, que siempre tuvo las bendiciones del mejor clero de España. ¿Entiendes? Ana, cariño, te estoy diciendo que la mejor España, la de los valores tradicionales, no se forjó bajo el tutelaje de la monarquía, sino a partir del acervo cristiano y patriótico de la juventud interclasista. Y conste que sé lo que me juego. Si esta revelación se hace pública me voy para Fuerteventura, como Unamuno. Pero los intelectuales no podemos dejarnos seducir por las medias verdades. Tenemos que ver el camino. Y a la derecha le queda por recorrer uno muy largo si pretende alcanzar su mejor marca de gobierno, la que estableció Don Francisco. Sin embargo, nos ilumina el ayer. Hagamos lo mismo. O sea, salimos de la monarquía, entramos en la república y, si se tercia, hacemos planes por si llega un 18 de julio. En fin, Ana, cariño, guárdame el secreto de mis cavilaciones. Sobre todo, que no se enteren Anita y Alejandrín, porque es un pensamiento 3R. Al menos espera, para decírselo, que lo madure con Rouco. Ahora salgo a por los periódicos. Tú, ponle al servicio el disco de la JAP. Ya sabes: «De entusiasmo los pechos alientan/ y en Oriente amanece otro sol;/ que se pongan en pie los que sientan/ el orgullo de ser español». Que me lo tararee la chacha antes de servirme la sopa. Y oído al parche. Que se lo aprenda al dedillo. O me lo tararea, o me voy de fonda.

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