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La toma de Barcelona, Zapatero & Sonsoles

Vamos a ver, Sonsoles. ¿A qué viene este mohín de castellana vieja? Deja de asesorarte con los taxistas. Llevándome a Chirac a Barcelona no estoy concediendo prebendas a los catalanes. Más bien estoy afirmando la unidad nacional. La diversidad, de puertas a dentro. De cara a Europa, un solo pueblo y una sola bandera. ¿Que los taxistas dicen que soy el hombre de las dos caras? Las monedas también tienen dos y mira si son cotizadas. Es cierto que me fui de excursión con Caró a la Casa de Campo. Pero la merienda la puso él. No le costó ni un euro a España. ¿Que le escuché? Por supuesto. Estamos en una democracia y aquí todo el mundo es libre de expresar sus ideas siempre que lo haga desde el respeto a las personas y a la Constitución. Caró expresa las suyas, las lleva al parlamento, se votan, pierde por goleada y aquí paz y después gloria. ¿Dónde está el problema? Yo me limité a reclamar su atención hacia una mariposa en vuelo. «Tan grácil en su vuelo y cruza el inmenso azul», le comenté. Luego concluí: «Pues has de saber, Caró, que aunque veas una España frágil, al igual que la mariposa levanta el vuelo sin el menor esfuerzo». Se lo dije así, con un toque de poesía, porque los catalanes, desde Verdaguer se apuntan a la lírica. Mas enseguida le traduje el mensaje en prosa mercantil, en el más puro estilo de Sabadel. Le dije que si el independentismo catalán no apoya a Madrí 2012, la reforma del estatut puede esperar tantos años como la reforma agrícola de la República. Y luego está lo del champán. Se lo dije a Maragal, por lo que me apoyé en Companis, otro presidente. Vamos a ver, Sonsoles. Cuando lo de nuestra Guerra Civil no deseada, Companis enviaba los soldados catalanes a defender la capital de España. ¿Por qué? Te lo digo con sus propias palabras: Cataluña se defiende en Madrí. Maragal agarró mi sugerencia al vuelo. ¿Consecuencia de ello? Pues que el Conseller de Industria, Josep Huguet, se ha comprometido con una campaña de promoción del cava en clave madrileña. Pues sí señor, Cataluña se defiende en Madrí. I si Madrí corta la corriente, ya pueden tener bombillas, los catalanes, que Cataluña se queda a oscuras. Pero, en fin, no levantemos el hacha de guerra entre españoles. Contemporicemos. Lleguemos a acuerdos. Vamos a ver, Sonsoles. Caró se me queja de que Manuel Marín no permite que en el Congreso se digan más de cuatro frases en catalán. Bueno, le respondo a Caró, ten paciencia. A Marín nos lo conocemos. Va por la Castellana y saca pecho y culito como un alférez recién salido de la academia. Hay que dejarle hacer. En el fondo es buena gente. Y con el tiempo igual hace como Ramón Franco y simpatiza con la Esquerra. Lo importante es que haya diálogo entre Caró y yo, entre Cataluña y España. Yo también podría abogar por bombardear Barcelona. Y desde luego sería una decisión absolutamente lícita, si me ajustara a los criterios de don José María Pemán. Cuando nuestro ilustre gaditano subióse a lo alto de Garabitas para contarles a sus incondicionales de Radio Burgos cómo la aviación nacional bombardeaba Madrí, no dijo que la Legión Cóndor estuviera bombardeando la ciudad, sino purificándola. Nuestros aviones purifican Madrí, dijo. Pues bien, yo anteayer tomé Barcelona. Y con más presteza que García Valiño. Y sin violencias. Vamos a ver, Sonsoles. Más vale maña que fuerza. ¿Que Maragal pretende que hablemos de la fiscalidad? De acuerdo. No hay inconveniente. Pero más adelante. Que si Dios hizo el mundo en seis días, en treinta años de democracia no hemos podido resolver el problema catalán. Por algo será. Y desde luego, la culpa es de los mismos catalanes. Se lo he confesado en privado a Pepe Montilla. Y me ha dado la razón. Que hay catalanes que no son de fiar, me ha dicho, entre ellos Maragal. A medianoche, Maragal proclama los Países Catalanes y a la mañana siguiente, después de la ducha, ya ni se acuerda. Pero Caró ya forma en el muelle a los mozos de escuadra preparando el desembarco en Mallorca. O sea, que el mal ya está hecho. ¿Que por qué le mantengo de president? Pues porque no puedo dar el cargo a Pepe Montilla, que de tanto españolear me hace crecer a Caró. El nacionalismo de Maragal es como el tren de rodalías. Pasito a paso cumple con su cometido, pero nunca correrá como el AVE. Vamos a ver, Sonsoles. Si te he dicho lo negativo de Maragal, también te he de decir lo positivo. Maragal es de los que se van a la ventanilla de la Administración. «¿Qué hay de la fiscalidad?», pregunta. «Nada», le responde el funcionario, «vuelva usted mañana». Y al día siguiente también le aconseja que vuelva mañana. Y no se enoja por ello. Se toma su vinillo en la Puerta del Sol y hasta la próxima. Pero te hablaba de mi toma de Barcelona. Hace dos años, tenía que alargar el cuello en el balcón de la Generalidad para que se me viera desde la Plaza de San Jaime. Ahora me voy al Carmelo a repartir bocadillos y los vecinos me aclaman como si fuera del Auxilio Social. Y por la noche, en el mitin, no te digo. Había una multitud. ¿Que hablaba catalán? Tengamos paciencia, Sonsoles. A cada abrazo que damos, empequeñecemos Cataluña. Chirac me lo confirmó. Estábamos los tres en la terraza del Hotel Rey Juan Carlos y Maragal nos servía los vermouths. Como debe ser. Cataluña será nuestra. Y sin disparar un solo tiro.

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