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Les dues lliçons

Ana, cariño, la vida sigue igual. En su día lo dijo el poeta. ¿Que quien lo dijo fue Julio Iglesias? Ya ves, yo lo atribuía a la inspiración de don Jorge Manrique al contemplar el paso del tiempo en las aguas de la alberca. Pero, en fin, de acuerdo, será de Julio Iglesias si tú lo dices. Al fin y al cabo, a Julito cualquier día le dan el Adonais, pues del verso de Manrique al suyo no hay ni un paso. Si yo he citado al clásico, Ana, ha sido para darte a entender que hemos de dar carpetazo al pasado y afrontar el futuro sin nostalgia. Se lo he comunicado a Mariano: «me voy a mis clases en Georgetown, mientras los españoles malgastan prestigio y fortuna como el hijo pródigo». Le he visto tristón, te lo advierto; de modo que le he dado una chocolatina, en contra de mis principios, porque lo que Mariano necesita es mano dura. No obstante, mira, lo del chocolate que sea por una sola vez. Además, no todo ha sido fomento del vicio. Le he inyectado su buena dosis de moral: «Tiempo habrá, Mariano, para que nos vengan a buscar. Entonces, sí señor, limpiaremos la acera de estiércol y volveremos a levantar España con un decíamos ayer». Y será así. Mientras tanto, Ana, cariño, debieras de preocuparte en dar con una agencia de transportes baratita para llevarnos los muebles de la Moncloa. Y, claro está, alquila un piso apañadito, nada de lujos, en el que quepamos nosotros y el caballo de Gaddafi. El tiempo apremia. Josete Zapatero ya se ha traído su escalèxtric a mi despacho y, figúrate, yo devanándome los sesos en labores propias de un intelectual, y él empalmando pedazos de vía por la moqueta. Para entendernos: lo mío en América es algo serio, de manera que no puedo entretenerme con que el tren haga parada en León o en Astorga. Comprende mi concentración, en los Estados Unidos no le dan cancha a cualquiera. Sólo a gente de altura. Fíjate, de España estamos allí Pau Gassol y yo. O sea, que mi responsabilidad es de órdago. George me ha dicho que no me preocupe en demasía, pues me sobra prestigio para cubrir el expediente con éxito. Pero ya me conoces, Ana, a mí no me va lo de pasar sin dejar huella. Desde luego, nada de inspirarme en Bertrand Russell ni en Sartre, que la Europa profunda es otra cosa. Para filósofos, los nuestros. Ya me entiendes: Valdano o Fernando Savater o el chico de las novelas. ¿Cómo se llama...? Pérez Reverte, eso es. No obstante, ya lo he decidido: nada de filósofos, porque si nos metemos a hablar del ser se nos pasa la hora de clase sin una sola referencia a la gesta de Perejil. Conque atiende. Mi primera clase se inspirará en una frase que El Ausente pronunciara poco antes de que don Francisco se diera a conocer en plan jabato. Dice así: «Cantando nuestros himnos, sin imprecaciones ni fanfarronadas, iremos dispuestos con alegría al sacrificio y al combate». ¿Qué te parece? Fue en el local que tuvo Falange en Nicasio Gallego, 2l, como para que le propongas a Gallardón poner una placa en el portal. ¿Que Gallardón es un orteguiano que lee a Saramago? Ya. Me lo figuraba. Le diré a Rouco que censure su biblioteca. Uno empieza leyendo a Saramago y acaba exigiendo que retiremos las tropas del Irak. Este alcaldito ya me la ha jugado demasiadas veces. Así que haya un hueco en la plantilla, le meto de municipal en Valdemorillo y le alejo de Madrid. ¿Que no me pase? Ana, le mantengo en la Administración para que pueda esperar tranquilamente el mañana. Pero no me pidas que le garantice la alcaldía, a sabiendas de que carece del espíritu recio que exige la puesta en marcha de la «Operación boumerang». ¿De qué va? Imagínatelo. Al igual que el boumerang, la España que ahora se nos aleja sabemos que volverá. Es algo histórico, España siempre vuelve a la derecha. Y cuanto más se aleja, con más fuerza retorna. O sea, que ya nos estamos preparando para ocupar nuevamente el poder por mayoría aplastante. Pero no lo comentes, porque hemos llegado a esta conclusión los de la CIA y yo. Están al tanto Ana Palacio, Acebes, Michavila y alguno más de los que se mantienen fieles, prietas las filas. De fuera, únicamente lo sabe George. ¿Qué ha dicho? «Cuidado coscorrón». Lo lógico, en quien se preocupa por la salud de uno. De todas formas, tranquila. Ni se me ha ocurrido montar una sanjurjada. Ahora estoy metido hasta las cejas en lo de las clases a los chavales yanquis. En la primera parto del consejo de El Ausente, ya te lo he dicho. O sea, que desmenuzaré la esencia poética de «Yo tenía un camarada», de «Banderita» y del «Himno de la Legión». Ya sabes: «'Nadie en el pueblo sabía/ quién era aquel legionario...!». Sí, sí, cariño: te aseguro que antes de Navidad lo cantarán todos y sin chicle en la boca. Aunque, claro, no será fácil. Así que se la he canturreado a George, ha exclamado «'Oh, yes, Jarama Valley!» Y yo, no, jolín, nada de Jarama ni de Batallón Lincoln. Más bien, música fina. Ya sabes: «'Allá por la tierra mora/ allá por tierra africana/ un soldadito español/ de esta manera cantaba..!» Así, susurrando, en plan canario-flauta. La conferencia se titulará «Verso y espada». Y, desde luego, estos vaqueros ya pueden prepararse para el cate si se me salen con el walley spanish. La segunda conferencia, para equilibrar el tono emocional de la primera, será sobre economía. Se titulará «Trabajo y redención». ¿Qué te parece? Me remito al Padre Pérez del Pulgar y a su feliz propuesta de redención de penas por el trabajo. Como habrás adivinado le hablo directamente al gran capital. Mi pregunta es la siguiente: ¿cuál es el mayor lastre de las empresas actuales? La respuesta es obvia: los salarios de sus trabajadores. Pues bien, asunto tan peliagudo el Padre Pérez del Pulgar lo resolvió sin sacarse nota en Cambridge. Atiende: si un jornal se cotiza a tres pesetas, es un decir, le damos a un preso político una peseta y un día de reducción de condena. ¿Que quién va a soportar, en este caso, las retenciones de Hacienda? Sagaz pregunta, Ana, sí señor. Pues el preso-jornalero, ya que se beneficia de la indulgencia del Estado en materia penal. En nuestro caso, recuérdalo, dos reales eran para él y otros dos para la cuenta que administraba don Luis Carrero Blanco en el Banco de España, no fuera cosa que si pasaban por las manos del empleado de la ventanilla tuviera una tentación. En fin, lo esencial de mi propuesta para relanzar una economía pujante y moderna como la americana, consiste en meter a los de Guantánamo y a sus parientes a trabajar en las empresas por dos reales. Yo le digo al empresario americano: «mire usted, déjese de curvas de productividad y de penetración en nuevos mercados. Y hágase con un lote de presos políticos de sol a sol, que yo le garantizo unos resultados óptimos. Así don Francisco subió España». ¿Que esto ya lo hacía Ramsés con las pirámides? Mira, Ana, al igual que el potro salvaje, la economía y la política necesitan mano dura. Y te remito nuevamente a España. Si a su debido tiempo hubiéramos puesto a Caró de peón chapucero en el Valle de los Caídos, otro gallo nos cantara.

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