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Pessimisme entorn de Catalunya

Ana, cariño, apaga las velitas del tocador puestas en honor de tu santo, el varón San Ponciano, que al despertarme, de noche, me veo en la cama de cuerpo presente. Que ya hace tres días de la visita de Maragal, mujer, y seguro que ya se han conjurado los malos espíritus. Sí, ya sé. Murióse el limonero que asomaba a la ventana de mi despacho, pero será por casualidad. Aquella tarde hubo ventisca. Nada que ver con que Pascual huela a azufre. ¿Que no apagas las velas hasta que Rouco venga a exorcizar Moncloa? Ana, no exageres. A Rouco ya le he pedido que me ponga a un valenciano de obispo de Mallorca y no voy a estarle pidiendo favores a todas horas. Además, le negocio lo de llevarme bajo palio. ¿Cuándo? Cuando quiera. Los domingos, al llegarme al kiosco a por el periódico por ejemplo. No se trata de rodearme de boato, ya sabes mi natural sencillo... Luego sólo me quedará lo de salir en las moneditas, que ya lo comunicaré al Rey antes de las elecciones. Con lo de Pascual, Ana, te estás pasando. Que sí, Ana, que sí. Jamás he oído en boca de un teólogo que Lucifer fuera catalán. ¿Que de dónde, si no...? La pregunta tiene su miga, no lo niego. Además, no voy a mentirte. Sí, cariño, Arenas te informó bien: es cierto que al mirar Maragal por la ventana mustióse el limonero. Y te haré una confesión inquietante: el gatito de la cocinera, al verle, arqueó el lomo y huyó como alma en pena. Sí, sí, santíguate, que cada vez que una castellana se santigua Cristo-Dios está más cerca de España. Pero, atiende: apaga estas velitas que me saben a velatorio. Yo te expondré mi razonamiento respecto al follón del limonero, el gato y Maragal. Es evidente que se dan elementos sobrenaturales en la visita del miércoles, que me podrían inducir a pensar que, efectivamente, Maragal y Lucifer son una misma cosa. ¿De acuerdo? De acuerdo. Entonces, mi pregunta del millón es la siguiente: Si Maragal es Lucifer ¿qué será Caró? Porque si el gato huye aterrorizado por la proximidad de Pascual, no te digo si llega a cruzarse con Caró. Échale el AVE y no le alcanzas, que nos cruza España en un suspiro. Entre nosotros, Ana: Caró es el mal. Como lo fue Companis. Por cierto, su hermano, el de Caró, lleva un carrerón que ríete tú del de Alejandrín. Helo ahí, más arriba que la Morenilla. En quince días ha pasado de hijo del pueblo a Secretario General. Y en otros quince pasará a Director General. Ya está visto y aprobado. De todas formas, te lo adelanto: a Alejandrín van a proponerle la presidencia de algunos nuevos consejos de administración. Que sí, pillina, me lo ha soplado un pajarillo. El chico vale y hay que dar paso a la juventud. Que no es el caso de Caró Segundo, un pedazo de calvo. Lo de los Caró es un asunto grave, cosa que no me sorprende. Ya lo advertí antes de que nacieran. Fíjate, se han puesto corbata. Y cuando los rojos se ponen corbata, es que están dispuestos a sentarse a nuestras mesas, a dormirse en nuestras casas y a fumarse nuestros puros. Para que me entiendas: practican la revolución pura y dura, la que va indisolublemente ligada a los pecados de gula y de codicia. Me lo ha hecho ver Rouco: todo revolucionario nace con el niño que pega la nariz en el cristal de la pastelería. Hemos convenido que cuando entremos en Cataluña habrá que recetarles, a los catalanes, ración doble de Padrenuestro y de Gloria Patri. Ahora, voy a visitar el frente del Ebro por si hemos de cavar trincheras. Presiento las tropas marciales: 'Un, dos, tres, Cataluña nuestra es! Ya se lo he advertido a Piqué. «Prepárate para lo peor», le he dicho. «De acuerdo, me ha respondido, cenaré mongetes con butifarra para hacerme querer, pero no estoy dispuesto a llegar por la patria hasta donde llegó el Ausente». O sea, que éste no llega al sacrificio supremo ni aunque le ofrezca paga doble. No sé cómo reaccionaría don Francisco ante semejante respuesta, pero me lo imagino. Y le aplaudo. Si yo trago, es porque en nuestras filas no hay más cera que la que arde. Otro gallo me cantara si pudiera fichar a Rodríguez Ibarra. A nosotros, se nos están aburguesando los ideales. Te lo digo yo. Y yo sé lo que me digo. Se lo he advertido a Mariano. Antes que la pluma, la espada, Mariano. Antes que estadistas, somos hombres de acción. Y él sí, muy bien, por supuesto. Pero no se viene conmigo de maniobras, porque después del almuerzo no puede prescindir de su copita de Chinchón y de su siestecita. «Mariano, le he dicho, han caído chuzos de punta sobre Castilla». «No pasa nada, me ha respondido, los paletos usan boina». Ya me dirás. Si nuestros viejos llegan a razonar de esta guisa, Almanzor les hubiera sorprendido con los calzones desabrochados. Yo me digo: atención Josemari, piedra que cae, mano que la lanza. Nada de meteoritos, que esto lo dice Josete Zapatero porque el chaval se pasa las veladas contemplando las estrellas, y las estrellas con cola, y todo lo que Peter Pan mueve y remueve en el cielo. Pero a mí no me las dan con queso, Ana. Que tu Josemari siempre está ojo avizor. «Vigílenme a Caró, les he ordenado a los de la Guardia Civil, que éste sabe de meteoritos que caen en corral ajeno más que los de la NASA». En fin, cíñeme la cazuela de los macarrones que me voy para el frente del Ebro. Realizaré unas maniobras de disuasión. O sea, ensayaré los números «Ataque con bayoneta calada contra almendral» y «Salto de pantera mordiendo cuchillo sobre charco de ranas». Quien avisa no es traidor. Seguro que los de Tevetrés no se pierden detalle.

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