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Josemari i Ana: la notícia de les noces

Ana, cariño, no me planches el traje de campaña que lo del hijo del Rey me ha desmovilizado a la tropa. Sí, sí, cariño, tal como lo oyes. En el día de hoy íbame para el País Vasco con los migueletes en fila de a dos, pero de la noche a la mañana el país ha cambiado la épica por la lírica. A partir de ahora, ya estamos abonados al rollo rosa. Entiéndeme, no es que me oponga a la boda de don Felipe, pero es evidente que no se ha anunciado en el momento más oportuno. A la Casa Real le ha faltado visión de Estado. O a Valentín Puig, que vete tú a saber si se ha metido en plan casamentero en «Consejos a un joven príncipe». Léetelo, a ver. Y ya me dirás, que últimamente sólo estoy en plan lector para echarles una ojeada a los partes de guerra. Pero seguro que me la ha jugado. Valentín se maneja muy bien con Yordi. Y a Yordi, si no le atas corto, te arma un desastre en el área de los sustos que me río yo de Ronaldo. Me lo huelo, Ana: tras la tarta nupcial hay conjura judeo-masónica. Seguro. Que no exagero. Que en plan estadista estoy a la altura de George. Además, ten por seguro que por menos don Francisco ya hubiera acuartelado a la Brunete. Fíjate: estamos pendientes de que Piqué nos dé un alegrón, que desde que García Valiño entró en Barcelona Catalunya se nos resiste, y en la Corte se discute si se ha de abrir la lista de boda en El Corte Inglés o en Caja Madrid. Por otra parte, aún tengo a Mariano en rodaje y te adelanto que su santa madre le parió con ruedas cuadradas. Es un tío panzón. Entre una degustación de angulas y echarse a la calle para sacarle pecho a la hez, no falla, se apunta al marisco. A diferencia de Cuevas, que mira tú, de patriota está que se sale. Incluso se le ha puesto un culito prieto, muy español, que reclama a gritos una banda capaz de soplarle unas notas del maestro Chueca. Con él y Anita Palacio al mando de la intendencia, lo del País Vasco hubiera sido un paseo militar. ¿Que por qué no doy la orden de ataque ahora mismo? Pues porque si entramos a degüello en el Parlamento Vasco la prensa no nos va a dedicar más de un ladrillo en la página de sucesos. Y oye, para salir junto a Dolores Vázquez me quedó en casa. Está decidido: o doy un tirón de orejas a los Pedro Jota, o de aquí al junio las noticias de portada son cosa de Jaime Peñafiel. O de Rapel, que ya debe morirse de gusto por echarles las predicciones a don Felipe y a doña Leticia. De verdad, de verdad, que esta boda parece auspiciada por la masonería. Sí, sí, aunque la bendiga la Casa Real. Masones haylos, lo certificó don Francisco. Y don Francisco estaba al tanto de lo que se echaba en el potaje, no lo olvides. Por de pronto, este noviazgo se ha fraguado a mis espaldas. Si a mí don Felipe me comunica que se ha puesto novio y que si no le echamos las bendiciones ahora no se las echamos nunca, le pongo inmediatamente en contacto con Rouco para que le oriente hacia dónde le conviene tirar los tejos. Que sé lo que me digo: que la hija de George está casadera, cariño, y un príncipe ha de unir en el lecho lo que los estadistas acordamos en los despachos. Así de claro, Ana. Ahora bien, si don Felipe ya ha puesto el ojo en doña Leticia y yo soy el último de la familia en enterarse, mal informados andamos en España. ¿Que doña Leticia es muy maja? Por supuesto. Pero por maja que sea, no deja de ser periodista. Atención al dato: no deja de ser periodista. Y a un periodista, varón o hembra, por lo pronto ponle a pan y agua, luego ya se verá. Si tú me lo comentabas el otro día: «Nuestra Anita se nota que ha sido educada para que se la lleve un director general o un presidente de consejo de administración». O sea, un chaval como Alejandrín, con un futuro brutalmente positivo por delante. Pero, claro, nuestra Anita tiene pedigrée. En cambio, los periodistas son canes callejeros expuestos a la rabia. Quiero decirte que doña Leticia puede salirnos carrillista. O igual nos enteramos de que preside su dormitorio un poster de la FAI. Sí, sí, no te escandalices en demasía, que por ahora sólo estoy haciendo suposiciones. Pero, en fin, ya te digo, los periodistas, aunque apuntan arriba como la candela, se tuercen así que se mece la brisa. Si don Felipe hubiera tenido el detalle de consultarme, le hubiera dicho: «Atienda, joven príncipe, puestos a bucear en el acervo popular en busca de novia, agénciese una modistilla que está más de acorde con la tradición castiza». Y, sobre todo, cásese después de que menda haya resuelto la media docena de líos preventivos que tengo en marcha. Lo del País Vasco y lo de Catalunya y algún que otro cogotazo que a buen seguro se me brindará la oportunidad de propinar en el extranjero. Lo de las generales no lo tengo en cuenta. En las generales vamos a barrer sin empuñar la escoba. Y mira, más que por mí o por Mariano, me alegro por Joselito Zapatero. Vamos a darle una alegría, hombre, que los suyos no le dan pie a sonreír.

Llorenç Capellà, escriptor

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