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Raza

Ana, cariño, si la Nenona te pide macarrones puedes emplear la cazuela que no voy a usarla de casco. Al menos no tengo previsto salir a ensayar la guerra de trincheras hasta que el pueblo vuelva a sus orígenes. O sea, hasta que se siente frente a la lumbre y el puchero y rumie sus cosas con la cabeza gacha. Los de la CIA ya lo saben: en la Casa de Campo, mientras estaba en las prácticas del master "Asalto de trincheras con cuchillo en la boca y granada en la mano diestra", me han apedreado desde unos matorrales. Debían de ser los del cine, claro. O gentuza que porque tiene una videocámara ya se cree con derecho a todo. Por fortuna, la cazuela de los macarrones me ha salvado de un percance que, mira por donde, hubieran lamentado todos los españoles. Al menos, Pilar del Castillo ha afirmado que la cazuela había protegido la mejor cabeza que ha dado España desde Ortega hasta nuestros días. Mal está que yo lo repita, pero tal como lo dijo lo digo. Y Pilar sabe de esto, pues se pasa el día entre universitarios. ¿Qué hubiera podido llamar en mi ayuda a los chicos de don Blas? Cierto, Ana. Y no me pongas el ejemplo de otros héroes. Ya sé que el Ausente hubiera exclamado aquello de a por ellos que son pocos y cobardes, pero yo soy yo y mis circunstancias, y si doy la orden de ataque se arma la del treinta y seis y se me ponen en plan respondón hasta los del No"do. Atiende Ana: a los enemigos se les fusila a su debido tiempo o luego deberás consentirles que te meen en los zapatos, aunque cuesten más que los de Cenicienta. Y se les fusila sin rechistar, apúntatelo, porque hay que ver como cunde la hez. Al menos eso decía don Francisco, al que hoy en día ya hay que consultar como se consulta a los clásicos. Ya sabes, Séneca, Jovellanos, Roberto Alcázar y Pedrín y un etcétera limitado. La hez es como el lobo, muerde la mano que le da de comer. A las pruebas me remito. A los del cine les damos mogollón de subvenciones, desde luego muchísimas más que a la Fundación de don Francisco. ¿Y cómo me lo pagan? Pues ya lo ves, con un no a la guerra. Y encima aspirarán a que Hollywood les tenga en cuenta. Me lo comentaba Pilarín del Castillo. Ya me dirás qué rigor intelectual demuestran. El actor de cine tiene que hacer cine, Ana. Y el estadista tiene que decidir cuando hay guerra, aunque eso sí, la hacemos entre todos porque supone una mejora de la salud económica del país. Ya sabes, los del paro se van a Infantería, los curillas se hacen su buen sobresueldo con las misas extras de acción de gracias y de difuntos, etcétera, etcétera, etcétera. ¿Qué dices, Ana, que la cacerola no se aguanta en los fogones de tantas abolladuras que tiene? Entonces guárdala para Pilarín, que me la solicitó para uno de sus museos. Aunque no sé si darle el visto bueno a su proyecto. Quiere colocarla junto a la calzona grana y oro de Espartero, la que le agujereó el toro Perdigón. Yo preferiría que se exhibiera en un museo militar, pero me dice que a los museos militares sólo los visitan los de don Blas y no le falta razón. En cambio, por el museo de las Ventas pasan mogollón de japoneses con su Polaroïd. En fin, ya veremos qué decisión tomo. De momento, Ana, te anuncio una exclusiva. Atiende, cariño. Aprovechando mi voluntaria interrupción del master en la Casa de Campo, voy a escribirle a Garci un guión que se titulará Raza. O sea, que estará en la línea del que escribiera don Francisco. Un joven apuesto, que tendrá raíces familiares en lo más hondo de Castilla, por ejemplo en Quintanilla de Onésimo, se planteará dos retos: salvar a España y convertirla en un imperio. Este joven apuesto, digo, no será ni alto ni bajo. Eso sí, como todo español clásico peinará pulcramente su pelo negro y lucirá un bigote que le confiere distinción y autoridad. ¿Qué más? Pues que hará gala de unos andares entre torerillo y cadete. Desde luego, su éxito entre el género femenino será brutal, pero tendrá muy claro que El Quijote sólo amó a su Dulcinea. Conque atiéndeme pillina: si buscas paralelismos con nuestras vidas, los hallarás. El argumento, Ana, puedes imaginártelo. Nuestro héroe luchará en el Ebro y entrará en Barcelona un veintiséis de enero, justo cuando Yordi se refugia en Francia. No creas que no me duela el destino de Yordi, porque ha sido el único que ha sacado pecho ante la agresión de los del cine. Pero no me fío de él. Ya sabes, don Francisco tuvo que meterle en la Modelo por echar papelinas subversivas en el Palacio de la Música. Y de esto a lo de Mateo Morral hay un solo paso. Tanto da papelinas como bombas. Al terrorismo no hay que darle cancha. Es lo que dice George refiriéndose a los indios Minnesotta. Un indio le roba una gallina del ranchito y si no lo fríe en la silla eléctrica, al día siguiente hay cien indios Minnesotta que le roban cien gallinas. Fíjate, Ana, el terrorismo es una línea recta a lo largo de la historia. Mateo Morral, Yordi, Marisa Paredes, etcétera, etcétera. Vuelvo con el guión de Raza, Ana. García Valiño ordena a nuestro protagonista rehacer Catalunya. Entonces él concede plenos poderes a Gaspart tales como gobernar la Generalitat, ir del brazo de la Moreneta en las procesiones, presidir los Jocs Florals e incluso controlar los guisos de l'via Remei, porque nadie como Gaspart puede poner Catalunya patas arriba en unos meses. Luego, una vez todo patas arriba incluyendo la Font del Gat, vendrá la labor de reconstrucción que llevarán a cabo la Sección Femenina, Fernando Savater y quien haga falta, porque España, una vez más, será generosa con los catalanes. En ambio no lo será tanto con el País Vasco. Según el guión de Raza la solución vasca vendrá por la vía de las urnas. Nuestro protagonista se presentará a las municipales por Bilbao, con lo que saldrá nombrado alcalde y Arzallus deberá de mojarse, pues le bailará el baile de bienvenida cada media hora. Ya sabes, aquello de la flauta y el tambor que se baila a saltitos de ballet. Por otra parte, el hermano de George ganará las elecciones a lehendakari. Conque tendremos un Bush en la Casa Blanca y otro en Ajuria Enea. Y a partir de ahí, paulatinamente la CIA sustituirá a la Ertzaina y Pato Donald, si le viene en gana, administrará las ikastolas. Y no es que odie a los del Norte, coño. En fin, Ana, cariño, con España pacificada, el protagonista marchará con George a la guerra de Irak. Y desaparecerá en el horizonte, en un barquito de vela, mientras flamean rojigualdas y pañuelos en la orilla. ¿Qué te parece? Imagínate, la banda de TVE soplando «Suspiros de España» y el barco saliendo de cualquier puerto, siempre y cuando no sea gallego, más por la bruma que suele hacer allí que por otra cosa. Anda, sécate estas lagrimitas, Ana, que la emoción no te haga débil. Para el personaje central, ya sabes, el del bigotito, mitad torerillo, mitad cadete, pienso en Robert Redford. Luego deberé buscarle un nombre. Ha de ser un nombre recio, muy enraizado en nuestro santoral. ¿Qué dices? ¿Qué le llame José María? Ana, amor, no te pases, que no soy yo el único español con madera de héroe. Además, José María incita el vulgo a la malicia. Ya sabes de que va el cantar: Le llaman José María/ al rey de los bandoleros...» Mira, en todo caso lo dejamos en Josemari. Por supuesto que Josemari es mi nombre, pero es evidente que todo guión tiene un algo de autobiográfico.

Llorenç Capellà, escriptor

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